En Victoria hay dos bodegas y unos diez viñedos que buscan una producción con una nueva identidad; hace más de cien años en Entre Ríos se cultivaban más cepas que en Mendoza y San Juan
"El vino tiene que contar una historia", ensaya Rubén Tealdi, y agrega enseguida a modo de advertencia que "por supuesto tiene que ser bueno". Se mueve inquieto entre las parras de su viñedo de 1,5 hectáreas en las afueras de Victoria, Entre Ríos, donde desde 2006 empezó a tejer el proyecto de tener una viña y hacer vino en medio de ese paisaje cortado por las cuchillas, esos campos ondulados, y una brisa suave del Paraná, que ahora crecido se muestra como un mar.
Tealdi se apoya en un cartel que indica que una hilera de parras que están más cerca de la bodega Corrales Vier proviene del Palacio de San José, donde vivía Justo José de Urquiza, quien hizo plantar en esa tierra, en 1860, vides que había traído de Francia. Tealdi logró que unos brotes prendieran en su finca y allí están, al lado de las merlot, malbec, tannat y cabernet en el campo de ocho hectáreas que está ubicado en el kilómetro 6 de la ruta 21.
