4 de la tarde. Poca gente. Un adolescente se abre camino con una caja de cartón en los brazos ofreciendo linternas que, junto con un blister de diez pilas botón, salen $10. El día anterior había comprado una pila Camelion del mismo tamaño. Valor: $4. La ecuación no cierra.
“Estamos comprando desechos tóxicos que ingresan al país en forma de pilas”, explica la abogada Marina Lofeudo, “No son pilas propiamente dichas. No cumplen con los requisitos técnicos de lo que es, o debería ser, una pila. Por eso son baratas y duran tan poco. Como los juguetes que se compran en la calle y tienen un montón de luces; encima si los compramos decimos… Uy qué bueno vienen con diez pilas botón”, detalla la especialista en ambiente Lofeudo y repite: “Estamos comprando desechos tóxicos que ingresan al país en forma de pilas”.
En la Argentina, hace unos años que el tema de las pilas, cada cierto tiempo, vuelve a la agenda de los medios, ya sea porque algún político o una ONG internacional deciden juntarlas, o porque un operativo encuentra miles de pilas truchas. Entonces, resuenan proyectos de ley para ver qué se va a hacer con las pilas.
Sobre su destino final mucho se ha escrito, mucho más se dice, poco se hace. Pero… ¿Nadie se preguntó por qué ingresan en forma indiscriminada a precios tan baratos? ¿Por qué se busca la solución del problema y no su origen?
