El 2012, sin dudas, se convirtió en el año más complicado para la industria vitivinícola tras la salida de la convertibilidad. La suba de costos, que no viene dando tregua, sumado a un tipo de cambio que fue perdiendo terreno frente a la inflación, generó que el vino argentino, especialmente en los segmentos más económicos, pierda competitividad.
Esto se vio agravado por el hecho de que importantes países productores del Viejo Mundo, tales como Francia, España e Italia, que se están viendo seriamente afectados por la crisis europea, están saliendo al mundo con precios difíciles de equiparar, dejando aun más rezagadas a las bodegas nacionales.
Esto implicó que, durante los diez primeros meses del año, casi 60 marcas de vino con sello argentino no soportaran la presión y fuesen “borradas” del negocio de la exportación. A esto se suma que, ante un frente externo complicado, cada vez más compañías están intentando refugiarse en el mercado interno, donde los consumidores sí convalidan ajustes de precios por encima del 20 por ciento.
Sin embargo, Juan José Canay, presidente de Bodegas de Argentina, alertó que “es difícil que las bodegas puedan redireccionar todo el sobrante al mercado interno, que ya está saturado de vinos. Agregar una nueva marca es muy difícil. Esto hace que los jugadores más chicos, que no tienen poder de negociación, tengan que enfrentar un panorama muy duro“.
En el plano exportador, las últimas estadísticas publicadas por Wines of Argentina muestran que durante los primeros diez meses del año los envíos al exterior de vino fraccionado crecieron apenas 2% en divisas. Sin embargo, en volúmenes, se observa una caída del 5%.