Mientras que policías de aduanas de medio mundo se devanan los sesos para intentar acabar con el tráfico de drogas en sus fronteras, en los puestos que separan Hong Kong de Shenzhen son otros polvos blancos los que traen de cabeza a los agentes.
Porque, desde que en 2008 estallara en China el escándalo de la leche en polvo adulterada con melanina que causó la muerte de seis niños y la hospitalización de 300.000, Hong Kong se ha convertido para muchos en la única despensa segura de la zona con la que abastecer y alimentar a sus recién nacidos.
Por ello, el Gobierno de esta región administrativa especial fijó en febrero de 2013 un límite por persona de dos botes -1,8 kilogramos- de la codiciada fórmula infantil a la hora de salir por sus fronteras. La medida se adoptó no sin polémica, para evitar que se repitieran situaciones de desabastecimiento en las tiendas de Hong Kong como las vividas en los meses anteriores, algo que había provocado más de un enfrentamiento entre los locales y los visitantes que venían a comprar desaforadamente.
