Estas últimas semanas es noticia la gran cantidad de alimentos que, al final del día o de las semanas, se desechan. Alimentos que caducan o se retiran en mal estado de manera obligada para garantizar su calidad y, sobre todo, su seguridad. Se estima que los hogares tiran alrededor del 30% de los alimentos que compran al año, cifra que en EE.UU. llega hasta el 40%, según el Consejo Nacional de Recursos Naturales. Estos datos suponen un gasto económico muy elevado, lo que ha llevado a científicos estadounidenses a desarrollar nuevos métodos para aumentar la vida útil, en este caso, del pan. Para ello, han usado una combinación de efectos térmicos que podría convertirse en una alternativa a los conservantes.
El pan es un alimento perecedero y uno de los que más se retira de los hogares si no se consume, ya que en un tiempo corto pierde sus cualidades. El mismo día de su elaboración, el pan fresco queda duro o, por el contrario, queda humedecido y pierde toda su calidad. En un periodo de siete a diez días, en el pan envasado se forma moho y se pierden sus cualidades organolépticas. Una nueva investigación llevada a cabo