Aunque el optimismo se considera una cualidad deseable al momento de tomar
decisiones, el exceso de éste puede resultar fatal. Para el premio Nobel de
Economía Daniel Kahneman, los ejecutivos no suelen hacer un seguimiento de las
decisiones que se toman en sus empresas para descubrir qué desviaciones o
pronósticos equivocados pudieron llevar sus planes al fracaso. Y es que, a su
juicio, no están acostumbrados a pensar de manera rigurosa.
Sumado a esto,
el ser humano es naturalmente optimista y tiende a exagerar su propias
cualidades, lo que le impide ver con claridad el panorama de riesgo al tomar
decisiones y es común que se subestime el peligro.
Kahneman afirma que no es
imposible hacer planificaciones aterrizadas y racionales, pero que para ello, es
necesario contrarrestar el optimismo.
Con frecuencia se considera que el
optimismo es una cualidad deseable, pero usted descubrió que puede ser muy
perjudicial a la hora de tomar decisiones riesgosas. ¿Podría explicarnos la
razón?
El optimismo es uno de los principales responsables en la toma de
decisiones sesgadas. Es maravilloso ser optimista, porque nos mantiene
saludables y flexibles, pero no me gustaría que mi asesor financiero lo fuera.
Preferiría uno lo más realista posible. Dicho esto, también hay que tener
presente que el optimismo es el motor del capitalismo.